La madurez de Pablo Torrijos

Pablo Torrijos (Castelló de la Plana, 28 años) tiene un doble don. En la pista, transmite, ilusiona. Cada vez, más. Ha logrado envolver de expectación e interés cada una de sus comparecencias. Además, fuera del tartán, cuando habla o hace declaraciones, siempre desliza mensajes interesantes. Pocos tópicos y frases de cierto calado. Uno de los que más suele repetir y de los que se siente especialmente orgulloso es éste: “cuando me introduje ya más seriamente en el atletismo y en el triple salto, no era, ni de lejos, el que más clase, talento o calidad tenía. Gran parte de lo que soy y gran parte del nivel al que he llegado se debe a mi capacidad de trabajo, a mi carácter, a mi mentalidad y a mi constancia”. Estas sentencias las empezó a utilizar en el invierno de 2015, cuando, con 23 años, irrumpió de forma espectacular y se convirtió en el primer español en superar la barrera de los 17m en la prueba de triple salto. Además, por dos veces en apenas dos semanas. Ahora, lo vuelve a recordar. Si cabe, con más fuerza. Primero, por haber ensanchado, el pasado mes de marzo, el récord de España hasta unos más que respetables 17,18m. Después, sobre todo, por haber alcanzado uno de los objetivos más deseados de todo deportista: regularidad.

 

Alcanzar tal nivel de madurez y fiabilidad no ha resultado nada fácil. Le ha costado. Aquellos dos destellos de 2015 (17.03m en el Nacional de pista cubierta en Antequera y 17,04 en el Europeo bajo techo en Praga, donde, además, obtuvo la plata continental) no tuvieron la deseada continuidad. Al año siguiente, sufrió para lograr el pasaporte olímpico de Río (lo consiguió con un salto de 16,89m en Sierra Nevada a principios de julio, casi en el límite del plazo establecido) y no pudo brillar ni el Campeonato de Europa de Ámsterdam (16,58m en la calificación, 16,34m en la final, donde acabó octavo) ni en la cita olímpica (16,11m y eliminado en la jornada de calificación).





Gran parte de lo que soy y gran parte del nivel al que he llegado se debe a mi capacidad de trabajo, a mi carácter, a mi mentalidad y a mi constancia

Pablo Torrijos

En 2017, el triplista FER rozó por primera vez la frontera de los 17m en la temporada de aire libre. A principios de junio, en la final de la liga de clubes, evento disputado en su Castellón natal, voló hasta los 16,96m, su mejor marca durante un verano. Tal registro le clasificó para el Campeonato del Mundo de Londres, donde lo hizo mejor en la calificación (16,80m) que en la final (16,60m, décima posición, no consiguió estar en la mejora, a la que acceden los 8 mejores de la final tras los tres primeros saltos). Tras el certamen mundialista, antes de la conclusión de la temporada, volvió a llegar hasta los 16,96m alcanzados en Castellón meses antes. Esta vez, lo hizo en Rovereto, Italia. Al año siguiente, en 2018, rozó, de nuevo, los 17m en la fase de aire libre. Además, en diversas ocasiones. En la final de la liga de clubes disputada en Soria, hizo un salto de 17,02m, pero el viento, no válido, se encargó de homologarlo. Días más tarde, en el Campeonato de España de Getafe, brilló con un brinco válido de 16,98 y llegó a conseguir un asombroso salto de 17,23 que el viento, otra vez, convirtió en nulo.

 

Tras un 2019 para olvidar por culpa de diversas lesiones (por ejemplo, no pudo estar en el Campeonato del Mundo de Doha), el triplista castellonense ha ofrecido su versión más rutilante y, sobre todo, más regular durante este accidentado ejercicio. Días antes de que la pandemia del covid-19 lo paralizara todo, el 1 de marzo, Pablo rompió todos los límites al volar hasta unos imponentes 17,18m. Además, en un evento de gran simbolismo: el Campeonato de España bajo techo. A diferencia de otros atletas, Torrijos ha vuelto efervescente tras el confinamiento. Muy activo (ya lleva tres competiciones) y con espectaculares prestaciones. El miércoles 29 de julio, en la 1ª Reunión Comunitat de l’Esport en Castellón, firmó el mejor salto español de la historia al aire libre: 17,09m. Días más tarde, en Trieste, Italia, alcanzaba otros más que apreciables 16,86m. Pablo parece lanzado. De piernas y de mente. Próxima oportunidad, el 19 de agosto, en Budapest.