Tosía y tosía Ángela Martínez nada más salir del agua. Era la lógica reacción después de haber vuelto a poner su cuerpo al límite, después de haber llevado su organismo al extremo, después de haber realizado otro esfuerzo inhumano, descomunal. Y mientras tosía y tosía, mientras trataba de recuperar el resuello, mientras esperaba que, poco a poco, se redujeran sus pulsaciones, celebraba otro monumental éxito. Ni más ni menos que una medalla de plata en la Copa del Mundo de natación en aguas abiertas celebrada en Ibiza, una prueba y un escenario que empiezan a ser talismanes, mágicos, especiales, para Ángela. Hace exactamente un año la nadadora FER ya se imponía en esta misma travesía.
El pasado viernes, Ángela se hizo, si cabe, más grande. Pese a su juventud, sólo 22 años, la deportista ilicitana ya es toda una estrella internacional. En Ibiza, consiguió el máximo botín al que podía aspirar. En la actualidad, en el circuito mundial de las aguas abiertas, la australiana Moesha Johnson ejerce un dominio casi incontestable. De hecho, Jonhson ya ganó la Copa del Mundo disputada en Soma Bay, Egipto, a finales de marzo. En Ibiza, la nadadora oceánica volvió a dar todo un recital, toda una exhibición. Lideró la prueba de principio a fin. Con puño de hierro. Ante tal hegemonía, el resto de las participantes iban a pelear por la segunda posición, por la medalla de plata. Al final, ese honor correspondió a Ángela Martínez. Honor compartido con su familia, presente en Ibiza.
El resultado logrado por la embajadora FER no sólo es espectacular y deslumbrante. También, heroico. Ángela Martínez superó a rivales tan cualificadas como la húngara Viktoria Mihalyvari Farkas, como la montenegrina Lisa Pou, como la italiana Ginevra Tadeucci, o como la alemana Lea Boy. Es decir, la participación era más que notable. Además, las condiciones de la travesía fueron muy adversas. En primer lugar, por la temperatura del agua, más fría de lo habitual (de hecho, hubo más de una retirada por hipotermia); pero, sobre todo, por el tremendo oleaje al que, por momentos, tuvieron que enfrentarse las nadadoras.
A diferencia de otras ocasiones, en las que empezó rezagada, Ángela Martínez siempre se mantuvo en el grupo cabecero. Figuró entre las 15 primeras desde el primer momento. Sin embargo, fraguó su hazaña en unos últimos 2 kilómetros absolutamente fascinantes, fabulosos. En los 500 metros finales, pasó de la cuarta a la segunda plaza. Apenas cinco segundos le separaron de la vencedora. En suma, es su tercera medalla en las pruebas individuales de 10km de las Copas del Mundo. Antes, en 2024, se colgó un bronce en Soma Bay. Y el pasado año, un oro en Ibiza.
“Fue una prueba durísima. El agua estaba muy fría, y había mucho oleaje por culpa del fuerte viento que soplaba. Hubo momentos horribles, pero creo que al final me ha beneficiado. Creo que, desde un punto de vista táctico o estratégico, ha sido una de las mejores carreras de mi vida. Siempre salgo lenta y por detrás. Luego, voy a más y recupero posiciones, pero, a veces, no siempre reacciono a tiempo y no llego a las primeras posiciones. Sin embargo, en esta ocasión, salí mucho mejor, estuve arriba desde el primer momento y mi último tramo fue sensacional. En suma, muy contenta, porque la prueba tenía mucho nivel y contaba con una gran participación. Le concedo mucho valor a la plata”, señala Ángela.
La deportista FER tiene motivos para estar contenta y feliz. Su vida espartana y su disciplina monacal dan sus frutos. Tiene razones para la alegría y la satisfacción, pero no, tiempo para las celebraciones. En breve, este próximo fin de semana, afronta una nueva Copa del Mundo en aguas abiertas. Será en Golfo Aranci, en Italia. Y ya después, le espera un trepidante mes de junio. Primero, con otra competición en aguas abiertas (en este caso, en Portugal) y, acto seguido, con el Campeonato de España de natación de verano, que, además, ejercerá de torneo clasificatorio para la gran cita de 2025: el Campeonato de Europa (primera quincena de agosto, en París).