Los hermanos Leo y Mar Mañanes: las nuevas esperanzas del vóley playa valenciano

Afirmar que Pablo Herrera y Liliana Fernández han sido dos de los mejores deportistas valencianos de todos los tiempos no es ninguna exageración. Sus resultados y trayectorias son suficientemente elocuentes. No precisan de comentarios o interpretaciones adicionales. El castellonense, subcampeón olímpico en Atenas 2004, ha estado presente en seis Juegos. Leyenda. La alicantina ha disputado cuatro certámenes olímpicos. Además, los dos acumulan un sinfín de podios en Campeonatos de Europa y en torneos del circuito internacional. En suma, Pablo y Liliana han dejado unos legados imborrables y, sobre todo, unos vacíos difíciles de llenar. Es inevitable un cierto sentimiento de orfandad. Con la contada excepción de Paula Soria, el vóley playa valenciano se asoma a un futuro incierto.

Sin embargo, entre el desierto, aparecen dos chicos que en 2025 se convirtieron en campeones en los dos Nacionales sub-19 que afrontaron, tanto el de clubes como el de Comunidades Autónomas. Son los hermanos Mañanes, Leo Mañanes y Mar Mañanes, ambos de 19 años y naturales de la ciudad de Valencia. De hecho, su centro de operaciones y entrenamientos está situado en la Playa de la Malvarrosa. Ambos se iniciaron en la práctica del voleibol relativamente tarde, a los 14 años. Pero fue en 2024 cuando ya se centraron de lleno en el vóley playa. Ambos miden 1,90m. Leo es más bloqueador. Mar es defensor, “aunque en este deporte, tan dinámico y rápido, acabas haciendo de todo: sacar, hacer la recepción, colocar, rematar, bloquear”, señalan.

A la hora de definirse, Mar destaca su “capacidad para entender este deporte y para saber cómo afrontar los diversos escenarios que se pueden dar durante un punto. En lo puramente físico, noto que, cuando salgo a competir al extranjero, me convierto en uno más. Con respecto a los aspectos más técnicos, lo que mejor se me da es atacar, tanto los remates como las fintas; lo que peor, las colocaciones”. Mientras, la autoevaluación de Leo es la siguiente: “Destacaría mi intensidad. No me considero el mejor ni técnica ni físicamente, pero tengo una manera de vivir la competición y una pasión por lo que hago que me han ayudado a alcanzar mi actual nivel. Dicho esto, he de reforzar mis condiciones físicas para jugar con más garantías a nivel internacional”, señala.

¿Y cómo es formar pareja con tu hermano? Para Leo, “a medida que va pasando el tiempo, y a medida que nos hacemos mayores, lo llevamos mejor. Al principio, discutíamos más, pero ahora, lo llevamos bien, con naturalidad. En el fondo, no hay nada más cómodo y práctico que entrenar y competir con una persona que vive contigo, que lleva una vida casi idéntica a la tuya y con la que hay máxima confianza”. En términos muy similares se expresa Mar: “Nos conocemos perfectamente a todos los niveles. Ello favorece nuestra compenetración. Además, desde el respeto más absoluto, no dudamos en decirnos directamente las cosas con la mayor claridad posible”.

Hace apenas dos semanas, brillaron con fuerza en el Nacional sub-21 por Clubes, en el que se proclamaron campeones. Y ahora, esta semana, afrontan el torneo clave del curso. Entre el 10 y el 13 de septiembre, van a afrontar en Madrid el Campeonato de Europa sub-22. “Aunque somos conscientes de la dificultad que nos espera, no nos ponemos ningún límite. Queremos demostrar que podemos responder con garantías en el máximo nivel internacional. Y vamos a competir sin complejos. Como siempre. Lo haremos mejor o peor, pero nunca nos dejamos intimidar ni por los rivales, por muy buenos que sean, ni por el escenario, por mucho que imponga”, comentan Mar y Leo: las nuevas esperanzas del vóley playa de la Comunitat.