La magia y la amargura. La grandeza y la miseria. La felicidad y la desgracia. En menos de un año, Paula Soria experimentó las dos caras del deporte. O lo que es lo mismo, las dos caras de la vida. Durante 2024, la jugadora de vóley playa disfrutó de unos días únicos, irrepetibles, con su participación en los Juegos Olímpicos de París. Esos momentos permanecerán, para siempre, en su retina y memoria. Once meses después, llegó la fatalidad. El instante más temido y odiado por los deportistas.
El pasado 25 de junio, Paula (Orihuela, 33 años) sufría una lesión de gravedad en su rodilla izquierda. Un mal gesto, un mal apoyo en la arena tras, curiosamente, un remate ganador le provocaba una luxación de la rótula y una rotura parcial del ligamento lateral interno. Pese a que evitó el quirófano, la temporada había finalizado antes de lo previsto. Era el primer contratiempo físico de consideración en toda su trayectoria deportiva. Y para más ironías y paradojas, la embajadora FER padecía esta desgracia en el Pro Tour Challenge de Polonia, el torneo que, en 2024, le había asegurado el pasaporte olímpico gracias a una medalla de bronce alcanzada con Liliana Fernández.
Ahora, casi 11 meses después de la desdicha, la pesadilla llega a su fin. Paula Soria ya se encuentra plenamente recuperada. Ya está apta para regresar a la arena. Para las recepciones, para las colocaciones, para los remates, para los bloqueos… La alicantina seguirá formando pareja con Belén Carro. Su reaparición será efectiva este próximo fin de semana del 15 al 17 de mayo, en el Pro Tour Future de Madrid. Es el primero de una serie de torneos, casi todos de la categoría Future, en los que Paula y Belén se juegan el gran objetivo del curso: la clasificación para el Campeonato de Europa (13-16 de agosto en Polonia).
Desde luego. Por suerte, nunca había sufrida una lesión así en toda mi carrera. Vuelvo a competir 11 meses después. Los nervios por la reaparición se unen a unas sensaciones muy especiales, difíciles de explicar. En cualquier caso, lo más bonito es que ya estoy de vuelta.
Mi rodilla, claro, no es la misma, pero he de decir que, a nivel físico, me encuentro mejor que antes de la lesión. Ha sido casi un año de mucha rehabilitación, de mucho trabajo físico y de mucho trabajo mental. Ha sido un proceso duro, pero ha tenido su parte positiva. En ocasiones, viene bien parar, pensar y estar cerca de los tuyos.
Siempre hay algo de miedo y vértigo, pero incluso en el caso de que no me hubiera lesionado. La competición, siempre imprevisible, escapa al control de los deportistas. Hay muchos factores externos imposibles de dominar, y ello siempre genera respeto e incertidumbre. Por este motivo, el aspecto mental es tan importante.
Espero que no muchas. Yo siempre he sido muy competitiva, pero es cierto que, tras 11 meses sin jugar, se pierde el ritmo. Por ejemplo, a mí se me había olvidado sacar en salto. Mi cerebro y mi cuerpo se negaban, porque sabían que había un peligro. Yo me encuentro bien, pero la competición te da cosas distintas a los entrenamientos. Vamos a ver cómo respondo en los primeros torneos.
Incluso los mejores del mundo mejoran día a día. Ha sido un periodo muy distinto para mí y para Belén. Igual que yo no soy la misma que con 20 años, no soy la misma que antes de la lesión. Sigo pensando que tenemos mucho margen de mejora. Y hay tiempo para conseguirlo.
Es un objetivo ambicioso y complicado, hay que admitirlo. Partimos de la nada y vamos contra reloj. Pero si lo hacemos bien en los torneos de mayo, junio y julio, podemos llegar.